Era Mayo de 2020. Parece que ha pasado una eternidad, pero tan solo han sido cinco meses. En el citado mes comenzaba el proceso de “desescalada hacia la nueva normalidad”, donde en teoría se iban flexibilizando las restricciones de movilidad entre territorios, recuperando así poco a poco la libertad.

Sin embargo, paradojas de la vida, los problemas para acudir a localidades cercanas para hacer la compra, aun siendo de una CCAA distinta, no se dieron durante los meses de “confinamiento duro”, pero si en este proceso de desescalada iniciado en mayo, donde se daban situaciones tan surrealistas como que vecinos de Oyón (Álava) tenían vetada la entrada a la ciudad de Logroño (La Rioja) estando a 6km, teniendo que acudir en su caso a Vitoria, estando a más de 70km. Lo mismo ocurre con todas las localidades de Rioja Alavesa, que en todos los casos se encuentran más cercanos a superficies comerciales de La Rioja que de nuestra provincia. En el caso de Labastida, tenemos Haro a 5km, y tras el veto de entrada, nos mandan a Rivabellosa o Vitoria, a 20 o 48km respectivamente.

Hoy, cinco meses después, volvemos a las restricciones de movilidad y de libertad, y más de 11.000 vecinos de la comarca de Rioja Alavesa nos encontramos bajo la misma problemática que en mayo.

Las administraciones, todas ellas y sin excepción, escurren el bulto de la culpa, escenificando una falta de coordinación estrepitosa, inconcebible en una situación de emergencia como la que nos encontramos, y más aún tratándose de la segunda vez que tropezamos con la misma piedra.

El 20 de abril estuvo por Labastida el Lehendakari Urkullu, y se preguntarán por qué.

Pues bien, no se hagan ilusiones, no estaba aquí para conocer de primera mano las necesidades del campo, las bodegas o el medio rural, sino que vino a dar un mitin electoral. Estaba en campaña, y es en ese momento cuando recuerda que cerca de Vitoria hay una serie de “núcleos poblados”, que en su conjunto se llaman “Rioja Alavesa”, integrados por gente muy afable y cercana, pero que no le gusta que le tomen el pelo.

Esto no va de fronteras, ni políticas ni siquiera geográficas, esto va de la cosa del comer, del día a día de más de 11.000 vecinos, que nos encontramos abandonados por segunda vez por dos gobiernos incompetentes, incapaces de coordinar una solución de una vez por todas, máxime teniendo la experiencia de mayo, de la que queda evidenciado que no aprendieron absolutamente nada.

Miren este mapa. Los puntos negros son lo que se conoce como “pueblos”, a los que aludía anteriormente. Como ven, el mapa está coloreado en diferentes colores: el color rojo es Álava y el naranja La Rioja. ¿Entienden ustedes la insostenibilidad de esta situación?

Pónganse ustedes de acuerdo, hablen y coordínense de una vez por todas. Nadie, independientemente del lugar en el que viva, merece vivir continuamente con la duda de actuar saltándose las normas. Acaben inmediatamente con esta inseguridad jurídica con la que una y otra vez nos castigan.

Estimado Urkullu, de usted y su partido, ya sabemos que les falta tiempo para solucionar situaciones “inéditas”, cuando dicha actuación favorece a su causa nacionalista. Del PNV, sabemos que en mayo no perdió ni un solo segundo para exigir condiciones favorables para Treviño, (acertadamente, por cierto), aunque lo que ustedes perseguían en realidad era lo de poder utilizar la frase “Treviño Araba da“. Nosotros también somos Álava, y por segunda vez nos está dejando abandonados a nuestra suerte.

Y hagan el favor… no hablen tanto del reto demográfico y la despoblación, pues de nada sirve si con la realidad de sus actos lo que hacen es obligar a la gente a abandonar los pueblos.

El Lehendakari Iñigo Urkullu (Izquierda), y la Presidenta del Gobierno de La Rioja, Concha Andreu (Derecha)

En las últimas décadas la tasa de dependencia entre el número de pensionistas y cotizantes a la Seguridad Social no ha dejado de reducirse, añadiendo aún más incertidumbre sobre la viabilidad futura del sistema de pensiones español. Cada vez hay menos cotizantes por cada pensionista.

Nuestro sistema, si bien es uno de los que cuenta con una mayor tasa de sustitución de entre los países de la OCDE, destaca también por el retraso que llevamos en lo que a la adopción de reformas estructurales se refiere. Reformas imprescindibles para asegurar la sostenibilidad del sistema y para ser capaces de enfrentar realidades como la elevada esperanza de vida (España es el segundo país del mundo con mayor esperanza de vida, solo por detrás de Japón), o el desempleo estructural.

La falta de consenso y la politización de un tema tan crucial como las pensiones ha supuesto un obstáculo insalvable para adoptar medidas serias que aporten certidumbre.

Sin embargo, mientras en España hemos permanecido impasibles ante la evolución demográfica, laboral y económica, otros países sí que han adoptado numerosas reformas de calado en sus respectivos sistemas, y que suponen, en muchos de los casos, un espejo en el que mirarnos para poder adaptar algunas de esas reformas y aplicarlas en nuestro país.

Ante la obstinación de todos los políticos en reiterar que la sostenibilidad del sistema está garantizada, hemos de hacer un ejercicio de responsabilidad y sensatez, poniendo los datos y los números sobre la mesa. Tenemos que aprovechar con astucia la experiencia que cabe extraer de las reformas aplicadas por otros países que han adoptado decisiones con precedencia.

Por mucho que el mainstream en España trate de evitar a toda costa el crecimiento de planes de pensiones privados tratando de buscar un equilibrio público-privado, la realidad es tozuda, y países como Italia, Reino Unido, o los países nórdicos cuentan con estrategias para fomentar el ahorro privado, bien sean de contribución obligatoria, o bien de carácter complementario y voluntario. En cualquier caso, es palpable que la tendencia es buscar ese equilibrio entre la parte de la pensión procedente de las arcas públicas y aquella procedente de planes de ahorro privados.

Frente a esa corriente de pensamiento dominante que prefiere caer en gracia en la opinión pública que contar la realidad que se sustrae del análisis de los datos demográficos y económicos, hay que redoblar esfuerzos para convencer de la necesidad de aplicar reformas como las cuentas nocionales, que aportan una mayor transparencia al sistema, amén de dotarlo de una mayor proporcionalidad entre el tiempo cotizado y la pensión resultante. Y no debemos quedarnos ahí, sino que debemos estudiar otras reformas como la implantación de un sistema similar al Automatic Enrolment británico, que incentiva la apertura de planes privados y el crecimiento del ahorro.

Tal y como vemos en la tabla, una media del 78% de los trabajadores británicos formaban parte de la fórmula de inscripción automática en 2016, viéndose incrementada en un 23% desde 2012, en tan solo cuatro años.

Según la Comisión del Parlamento británico que propuso la implementación de este sistema de fomento del ahorro privado, los estudios sociológicos avalan que la mayor parte de la sociedad británica está dispuesta a ahorrar, solo que el paso de abrir un plan de pensiones privado no se da frecuentemente de motu proprio, sino que han de existir incentivos que inviten a la apertura de dichos planes, tal y como se pretende a través del sistema propuesto.

En los últimos años, cada vez son más las voces que reclaman la aplicación de medidas valientes que garanticen la viabilidad del sistema.

Decía Hazlitt que existen dos tipos de economistas: los buenos, que piensan en las consecuencias en el medio y largo plazo de sus decisiones, así como en su afección a la generalidad de la sociedad; y los malos, que adoptan las decisiones pensando únicamente en el plazo de tiempo inmediato y en aquellas personas sobre las que se toma la decisión, excluyendo todas aquellas sobre las que esa decisión tendrá también consecuencias de forma indirecta pero segura.

Como toda decisión económica y política, el sistema de pensiones no puede permanecer ajeno a la sensatez en la que se deben basar las decisiones políticas, pensando en todo aquello en lo que Hazlitt basaba la descripción del buen economista: las consecuencias en el largo plazo y en la generalidad de la sociedad.

Salir del agujero

Resulta frecuente por parte de economistas de todo signo recurrir al abecedario para definir si la salida de las crisis económicas se prolonga más o menos en el tiempo.

Se conoce como crisis en “L” a aquellas crisis en las que la economía empeora rápidamente y la recuperación se prolonga durante un largo periodo de tiempo.  En contraposición se encuentran las crisis en “V”, donde tanto la caída como la recuperación obedecen a una evolución rápida. Por su parte, en aquellas crisis en las que existen ciertas recaídas en el proceso de recuperación se las caracteriza como crisis en “W”.

Vengo a introducir este artículo con los diferentes tipos de salidas, porque si bien todos tenemos claro que la caída ha sido rápida y profunda, estamos en el momento de implementar políticas económicas apropiadas para diseñar una salida lo más rápida posible, tratando de obedecer al esquema de una salida en “V”.

Sin embargo, si bien tanto políticos como economistas de todo signo señalaban en un principio que la salida sería rápida, cada vez son más voces las que apuntan a que la salida no será tan rápida como se preveía en un primer momento, sino que dependerá del tipo de políticas económicas implementadas por los diferentes gobiernos.

De las erróneas políticas que viene aplicando y anunciando el Gobierno de España, se vislumbra un horizonte pesimista en el que la recuperación será larga y dolorosa, tanto en cuanto afectará de forma perjudicial a las cifras de desempleo, incrementando de forma automática el gasto público mediante transferencias sociales.

A continuación, pasamos a analizar algunos de los indicadores más importantes y las actuaciones que se están abordando sobre ellos para tratar incidir en el proceso de recuperación.

Déficit público

Déficit acumulado 2019Previsión tras crisis Covid-19
2,80%9,5%

El déficit indica la diferencia negativa existente por la que los gastos son mayores que los ingresos. La previsión del 9,5% del déficit se encuentra entre las optimistas, pudiendo resultar finalmente superior a esta estimación. Por ponerlo en relación con la última crisis vivida, en el momento álgido de 2012 este parámetro se encontraba en 10,74%, y supuso un importante ejercicio de consolidación de las cuentas públicas tanto por parte del gasto como vía impuestos.

Producto Interior Bruto

Por su parte, el PIB ya ha experimentado una evolución negativa del -5,4% en el primer trimestre de 2020, y el FMI estima que el PIB anual de 2020 sufrirá una caída entorno al -8%. Sin embargo, vuelve a tratarse de una de las previsiones más optimistas, puesto que numerosos expertos señalan que la caída puede llegar hasta el -12%.

En el mismo informe, el FMI asegura que la tasa de desempleo puede alcanzar en España el 20,8%. Recordemos que el pico de la crisis de 2008 alcanzó una tasa de desempleo del 26,3%.

La evolución del PIB determinará la creación o destrucción de empleo, y el ritmo al que lo hará en sentido positivo o negativo.

Las medidas equivocadas del gobierno

Frente a los datos anteriores, el Gobierno ya ha anunciado medidas que van en la misma dirección que las llevadas a cabo en la crisis anterior por el gobierno de Zapatero, basadas en un incremento ilimitado del gasto público, y con el objetivo de hacer crecer la demanda a través de estas medidas. Lejos de tener efectos positivos, estas medidas ahondan en el problema, puesto que todo ese incremento del gasto viene financiado con más deuda, más déficit y más impuestos, al mismo tiempo que deteriora la confianza de los inversores en nuestro país, afectando negativamente a la prima de riesgo, e incrementando los intereses que hemos de pagar cuando salgamos al mercado a emitir deuda pública.

Lejos de apostar por un plan de consolidación que trate de frenar el crecimiento del déficit, el gobierno anuncia subidas de impuestos que, no con el objetivo de equiparar gastos e ingresos, pretenden financiar el creciente gasto público derivado del aumento de prestaciones por desempleo, renta mínima vital, etc.

Economistas de peso en sectores del socialismo y de la izquierda han comenzado a criticar esta praxis del gobierno, asegurando, como es el caso de Jose Carlos Díez, que es inviable suponer que un país como España puede soportar unas cifras de déficit de hasta el 15%.

Históricamente, resulta evidente que para solventar problemas como el déficit público, requiere de un adelgazamiento del peso del Estado, que conlleva la toma de decisiones impopulares, cuyo retraso en el tiempo acarreará la necesidad de que el ajuste deba ser cada vez más grande y más “doloroso”.

Frente a la consolidación vía incremento de impuestos, la austeridad mediante ajustes en el gasto alcanza los objetivos con mayor celeridad, aumentando también la confianza de inversores, y suponiendo efectos menos dañinos para el crecimiento del PIB, así como alcanzando importantes cifras de crecimiento económico en un menor plazo de tiempo.

Todo lo anterior representa, justamente, lo contrario a lo anunciado por el Gobierno, que va camino de cometer los mismos errores que los cometidos por Zapatero y a los que por desgracia nos tiene acostumbrados la izquierda.

La responsabilidad fiscal resulta crucial para entablar la recuperación económica que necesitamos, y no podemos ignorar la evolución de parámetros tan importantes como el déficit a la hora de tomar decisiones en política económica. Una subida generalizada de impuestos supondrá un estancamiento del consumo, reduciendo el poder adquisitivo y la renta disponible de las familias. Necesitamos un profundo ajuste del gasto corriente, así como el rediseño de la estructura del sector públco.

Estimado Sr. Lehendakari,

Me tomo la licencia de escribirle estas líneas, porque resulta de tan abultado tamaño mi discordancia con su gestión, que alguna vía de escape había que buscar para dar lugar al desahogo.

Le escribo desde Rioja Alavesa, que conocerá de venir de vez en cuando cada cuatro años para deleitarnos con sus mítines. No creo que nos conozca de mucho más.

De hecho, si tuviera la mínima esperanza de lo contrario, me hubiera presentado diciendo que soy de Rioja Alavesa, donde en la última semana hemos vivido una incertidumbre mayúscula como consecuencia de la nefasta gestión de su gobierno, así como de su socio Sánchez en Madrid.

Le pongo en contexto: resulta que no nos dejaban cruzar a la Comunidad de La Rioja para hacer compras de primera necesidad, mandándonos a tal efecto hasta Vitoria. Ya ve, tenemos supermercados a cinco minutos y nos envían a una distancia de hasta una hora en casos como Oyón.

Sin embargo, ha quedado claro que para usted y el PNV, los vecinos de Rioja Alavesa le importamos lo mismo que los dos trabajadores que llevan casi 100 días sepultados en Zaldívar. Es decir, no le importamos un pimiento.

En cualquier caso, permítame decirle que no es este el objetivo de estas líneas, puesto que ya tenía claro que a usted de mi tierra solo le importa una cosa. O tal vez dos.

Le interesa mucho venir para captar votos y acaparar poder -aunque no ganen las elecciones-, pero le importa también venir a enredar. Si, ha leído bien: a usted y a su partido les gusta venir a enredar, como por ejemplo con la denominación de origen Rioja y las bodegas riojano-alavesas. No sabría usted decir tres variedades distintas de uva, pero sin embargo está convencido de que necesitamos independizarnos de la DOCRioja.

Usted ha tenido tiempo para negociar con el Gobierno de España su voto a favor de prorrogar el Estado de Alarma a cambio de reclamaciones para el Condado de Treviño. Qué lástima que se haya usted olvidado, -de nuevo-, de Rioja Alavesa, cuando compartíamos parte del mismo problema que los vecinos de Treviño. Descuide en esto también, porque el PP de Álava lo ha reclamado desde el primer momento, y la Diputada Bea Fanjul ha reclamado esto mismo en el Congreso de los Diputados.

Estos días hemos conocido que el País Vasco pasa con las tres provincias a la llamada “Fase 1” de la desescalada. Sin embargo, lo hacemos con condiciones más restrictivas que el resto de territorios que avanzan a la misma fase.

Y yo no puedo dejar de decirle que me parece una vergüenza supina, puesto que aprecio un olor putrefacto en todo esto.

Resulta que ustedes le ponen al Sr. Sánchez como condición a su voto favorable que avancemos a la fase 1, pero usted sabe que no cumplimos los requisitos sanitarios a tal efecto. Sin embargo, conoce que necesita ese contexto para justificar una convocatoria de elecciones en julio, por lo que insiste en avanzar de fase, a pesar de no cumplir las condiciones. Así que llega a una solución intermedia de la que sale totalmente beneficiado, dejando de lado la salud pública y el interés general: decide avanzar a la fase 1 pero con restricciones propias de la fase 0.

Si lo traducimos, esto quiere decir que usted está anteponiendo, -de nuevo-, los intereses electorales y partidistas a la salud de los vascos.

Y sepa usted que eso es una vergüenza.

Está guiándose por criterios electorales y no por criterios sanitarios. Rehúye de criterios como los del comité epidemiológico vasco, al que lleva ignorando desde el 14 de marzo.

Y sepa usted que eso es una vergüenza.

Sepa usted que se está riendo de los vascos.

Desde el 14 de marzo, los españoles vivimos de acuerdo al Estado de Alarma decretado por el Gobierno, que nos afecta a todos por igual con independencia de nuestra residencia. Da igual si vivimos en un pueblo o en una ciudad; la responsabilidad es del conjunto de la sociedad, y todos debemos actuar de acuerdo a las normas establecidas y las recomendaciones sanitarias.
Sin embargo, el medio rural ha sido siempre el gran olvidado. ¿Será porque el número de votos es insignificante? pensemos mal y estaremos en lo cierto.

Hoy estoy especialmente molesto con el gobierno central, aunque no menos con el Gobierno Vasco, puesto que unos y otros se escurren el bulto como si de ninguno de ellos dependiese controlar y gestionar este descontrol supino, generado tras la publicación de las conocidas como “fases de desescalada”.

Dentro de estas fases se encuentra la restricción de movimientos entre provincias, lo que a efectos del decreto, se traduce en que quienes vivimos en Álava, no podemos acudir a comprar a ninguna comunidad limítrofe, con independencia de tratarse de la superficie comercial más cercana.

Digo que esta improvisación olvida y castiga especialmente al medio rural, porque en ninguna ciudad se da el caso de tener que trasladarse a otra urbe para hacer la compra. Sin embargo, situémonos en Rioja Alavesa y la sonsierra riojana.

Pongamos que partimos de Briñas (La Rioja), pasando por Labastida (Álava), San Vicente de la Sonsierra (La Rioja), Ábalos (La Rioja), Samaniego (Álava), y así hasta Logroño, cambiando de provincia continuamente mientras acompañamos la travesía del Ebro. ¿Ustedes creen que la naturaleza, los animales, el virus o la lógica entienden de provincias?


Sin embargo, nuestros apreciados y queridos gobernantes, han diseñado una nueva lógica que debe atender a lo que han llamado “nueva realidad”.

Según esta nueva lógica, nos queda el siguiente panorama: si los vecinos de Labastida queremos acudir a hacer la compra a un supermercado a por productos que no están en nuestra localidad, tenemos que acudir a Vitoria, (a 35 minutos en coche), para no salir de nuestra provincia. La lógica dice que vayamos a Haro, puesto que está a 5 minutos en coche. La nueva lógica dice que como Haro no es Álava, vayamos a Vitoria.

Ante el asombro de que varios ayuntamientos riojanoalaveses han alertado a sus vecinos de que si viven en Elciego u Oyón no pueden acudir a comprar a Logroño sino que deben hacerlo en Vitoria, me he puesto en contacto con Policía Nacional y Guardia Civil. Ambos cuerpos señalan que lo lógico es que acudan a Logroño (y en el caso de Labastida a Haro), puesto que se trata de las localidades con esos servicios más próximas.

Sin embargo, si llamamos a la Ertzaintza la versión difiere de los anteriores: hay que acudir a supermercados dentro de la provincia, por lo que siguiendo esa lógica, los riojanoalaveses debemos acudir hasta Vitoria para comprar merluza o lo que nos de la gana.

La conclusión por lo tanto es la siguiente: si acudimos a hacer la compra a Haro, hay cuerpos policiales con una interpretación del decreto, según la cual nos pueden multar. Si acudimos a Vitoria, hay otros cuerpos que bajo su criterio también somos carne de sanción.

Luego tenemos la opción de llamar a la subdelegacion del gobierno: allí nos dirán que no tienen claro el criterio.

Conclusión: no hay conclusión, salvo la irresponsabilidad y la improvisación más absoluta con la que están actuando desde el gobierno, así como la falta de coordinación entre administraciones.

Es una auténtica vergüenza y hay que decirlo. Merecemos más seriedad, y un mínimo de certidumbre que nos permita saber dónde comprar anchoas -o lo que nos plazca-, sin volver a casa con una curiosa multa de 600€. Caras las anchoas.

Estamos en manos de este gobierno irresponsable. Estamos en manos de este gobierno para salir de la crisis económica que se avecina. Agarraros.

Vendakari jauna,

Lo cómodo es callar. Lo cómodo es no decir nada y asentir –o disentir sin tampoco abrir la boca-.

¡Pero ya está bien! Ya estamos hartos de que incluso en una situación excepcional como la que vivimos, al nacionalismo le siga cubriendo los ojos un tupido velo que no le permite poner las vidas humanas por encima de sus ideas.

Ya estamos hartos de declaraciones vacías, que dicen hacerlas en defensa de lo que ellos consideran “un ataque a nuestro autogobierno y a nuestras competencias”. Ya estamos hartos de que, ante cualquier situación, por excepcional o extraordinaria que sea, quieran seguir con la misma venda de siempre.

En los últimos días hemos visto cómo más de dos mil personas han fallecido en nuestro país a causa del coronavirus, y cómo el nacionalismo no ha cejado en su empeño de querer meter sus tentáculos nacionalistas en el asunto. -Sí, también en este asunto-.

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Han puesto, de nuevo, sus retrógradas ideas por encima de todo. Han puesto sus ideas por encima de las propias vidas humanas.

El Gobierno de España, –nuestro gobierno-, nos ha ofrecido a los vascos la ayuda del ejército –nuestro ejército-, para proceder a la desinfección de espacios públicos y para el montaje e instalación de hospitales de campaña. Hemos visto como las provincias y comunidades que nos rodean han aceptado dicha ayuda, y cómo el nacionalismo vasco ha jugado con la salud de todos los vascos rechazando la misma. Han puesto, de nuevo, sus retrógradas ideas por encima de todo. Han puesto sus ideas por encima de las propias vidas humanas.

Ante el ofrecimiento de ayuda, hemos visto un nacionalismo que hacía declaraciones y dejaba titulares como los siguientes: “No veo al Ejército por aquí. Podemos hacerlo por nuestros propios medios” (Andoni Ortuzar, Presidente del PNV); “Urkullu ve a Osakidetza y la Ertzaintza capaces de afrontar la crisis sin el Ejército”; “Urkullu no ve necesario instalar un hospital de campaña del Ejército”. Todo ello, al mismo tiempo que el personal sanitario de hospitales como Txagorritxu clamaban ayuda por la falta de material sanitario, y denunciaban la situación de colapso en la que se encontraban.

Frente a esto, un gobierno en Madrid que se encuentra preso del apoyo nacionalista, y sin la valentía para imponerse a tiempo y en el momento preciso. Y aquí en casa, un PNV cuyos socios de gobierno del PSE en el Gobierno Vasco, parecen vivir en otro planeta, criticando las actuaciones de Urkullu como si no formasen parte del mismo gobierno de coalición.

Qué ironía, que los españoles nos estemos enfrentando a una crisis sanitaria sin precedentes en nuestra historia contemporánea, y que los irresponsables políticos nacionalistas vascos, actúen con una supina irresponsabilidad, poniendo la mala política por encima de las personas, y sus rancias ideas por encima de la vida humana. Qué triste ironía. Qué triste realidad, que pongan el nacionalismo por encima de las vidas humanas.

 

El voto alavés a Marimar Blanco

Recuerdo hace unos años, cuando apenas tenía uso de razón, veía a amigos y familiares cercanos con escolta por el hecho de ser “concejales del PP” en el Ayuntamiento de mi pueblo. No entendía las razones, aunque con ocho años tampoco me las preguntaba.
Simplemente sabía que tenía que ser así “para que no les hagan daño”.

Con el paso de los años, no solo he comprendido perfectamente las razones por las que aquellas personas llevaban escolta, sino que además, confieso un enorme agradecimiento a todas esas personas, –en muchos casos anónimas-, que estuvieron a la altura de defender la libertad, y con las que la sociedad vasca siempre estaremos en deuda.

El voto es lo más valioso que un ciudadano puede dar a un político en democracia, y el mío es para Marimar.

“Mi voto es para Marimar, porque entre la imposición del pensamiento único y la libertad, elijo libertad”.

En primer lugar, por su capacidad y su profundo conocimiento de la sociedad vasca.
En segundo lugar, pero tan importante como si estuviese en el primero, mi voto es para Marimar porque entre la imposición del pensamiento único y la libertad, elijo libertad.

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Álava ha representado históricamente un importantísimo dique de contención contra el nacionalismo vasco, en favor de la españolidad de quienes aquí vivimos; foralistas y españoles donde los haya.

El devenir político nos ha devuelto a las urnas, y nos ha dado una importantísima oportunidad a los alaveses: demostrar que quienes defendemos la unidad de España y nuestra foralidad sin complejos, somos mayoría. Que lejos de votar cautivamente al nacionalismo, vamos a volver a concentrar nuestro voto en quien la libertad defiende sin medias tintas.

Marimar es, precisamente, la figura que nos hace falta para empezar de nuevo nuestro ascenso, haciéndonos recordar que su lucha por la libertad ha sido siempre secundada en nuestra provincia, y que nuestro compromiso sigue siendo firme.

La disyuntiva que se nos presenta a los alaveses es clara: o nos representa en el Congreso quien junto a nosotros ha defendido siempre la libertad, o nos representan los herederos de quienes motivaron la necesidad de los escoltas.

Yo voy a optar por seguir defendiendo Álava y la libertad, y por lo tanto el único voto que lo garantiza es el voto al Partido Popular y a Marimar.

El voto alavés a Marimar Blanco.

Cuestión de razones

Dijo Adenauer que “en política lo importante no es tener razón, sino que se la den a uno”.

Puede que en momentos complejos, lo sencillo sea quedarse sentado, viendo la complejidad desde la simplicidad, y siendo partícipes de nuestro propio autoengaño. 

Porque, ¿cuantas veces hemos oído aquello de que “no hay soluciones simples a problemas complejos”?

Momentos complejos como el actual, requieren de comportamientos responsables. Responsabilidad tal, que nos lleve a tomar decisiones incómodas pero necesarias. Porque desde la comodidad, rara vez seremos parte de la solución, sino más bien seremos parte del problema.

Ahí está la cuestión: ¿queremos hacer lo cómodo o lo correcto? 

Si optamos por lo cómodo, -sin importarnos el coste que esto suponga para la sociedad española-, sigamos como hasta ahora. 

Si por el contrario tratamos de hacer lo correcto, probablemente 2019 no pase a la Historia como el año en que se alcanzó el mayor grado de dependencia ante partidos nacionalistas, sino el año a partir del cual, los partidos nacionalistas dejaron de ser determinantes.

¿Qué queremos? ¿Queremos vivir herméticamente en nuestra propia y dudosa razón, o queremos hacer lo correcto y que nuestra razón sea veraz, reconocida y compartida?

Hace no mucho tiempo, tras meses y meses de gobierno del PP en funciones, los partidos trataban de repartir culpas para explicar su falta de responsabilidad y entendimiento, ante una sociedad que no daba crédito de lo que veía. 

Hoy vivimos esa misma situación con un gobierno en funciones del PSOE. Sin embargo, –y esto es lo preocupante-, la sociedad ya no asiste con demasiado asombro a lo que acontece. Tal vez, porque hace tiempo que las razones de la política –o mejor dicho, de algunos políticos-, han dejado de ser compartidas por la sociedad. Y no precisamente porque la sociedad se haya movido y haya cambiado de razones, sino porque en ocasiones, la política, cuando más responsabilidad se esperaba de quienes en ella operan, ha optado por la comodidad; sin importar el coste para la sociedad, y por tanto, viviendo herméticamente en su propia “dudosa razón”. Sorda y ciega ante su alejamiento de los ciudadanos.

En el momento en que las razones comiencen de nuevo a ser compartidas entre política y sociedad, –y sociedad no son exclusivamente ni afiliados, ni inscritos, ni acérrimos a unas siglas-, los ciudadanos recuperarán de nuevo la fe en la política. 

Hasta entonces, el creciente desapego debería ir aparejado de una creciente preocupación.

Maestros de la costura

El título de este artículo, bien podría ser el de una novela que narra los últimos 40 años de la Comunidad Autónoma Vasca. Mi tierra.

Y es que, mientras en Madrid discuten sobre si Sánchez ha dado ya con las reservas de petróleo viajando en Falcon o sobre la raza del caballo de Abascal, los nacionalistas vascos se frotan las manos, diseñan su estrategia y aprenden de los catalanes. Aprenden sobre cómo no se consigue la independencia, y van diseñando su hoja de ruta.

¡O mejor! Llevan 40 años frotándose las manos y siendo determinantes para el futuro de nuestro país. Curioso, cuanto menos, que determinen el rumbo de España quienes pretenden romperla en pedazos.

Mientras en Madrid jugábamos al “a ver quién da más” para cortejar al nacionalismo y conseguir sus votos, los nacionalistas continuaban con su ardua y astuta labor de costura. ¡Y como cosen!

Cuando en las elecciones generales de 2015 irrumpieron con fuerza en el Congreso Ciudadanos y Podemos, acabando así con el tradicional bipartidismo, pensé: “qué bien, ahora los pactos de gobierno no penderán del hilo nacionalista, y dejaremos de acrecentar la desigualdad territorial en España”. Iluso de mí. Nada más lejos de la realidad. Han seguido determinando la agenda, y de qué manera.

Por un lado tenemos a Aitor Esteban en el Congreso, que ahí anda, pidiendo hilo para que el lehendakari enhebre la aguja. Y luego tenemos la maquinaria institucional del PNV, que recoge el recado del lehendakari y cosen. Cosen sin parar. Tejen un enorme entramado social e institucional, para que, en el momento que ellos consideren oportuno, dar el golpe. Un golpe brutal.

Entre sus labores de costura han atrapado ya varias cuestiones trascendentales que determinan el futuro de la sociedad vasca, como por ejemplo la educación. Hace poco, el Gobierno Vasco presentó unidades didácticas sobre la historia reciente de Euskadi, donde presentaban a ETA, no como banda terrorista, sino como movimiento político frente al franquismo. Ahí es nada.

El pasado 11 de marzo se celebraba el Día Europeo de las Víctimas del Terrorismo. El Lehendakari participó en un acto en San Sebastián, donde dijo que “después de la disolución de ETA, debemos decir al unísono que matar fue injusto”.  Una pena, lehendakari, que hayan tenido que disolverse para que usted lo diga. Y permítame que le diga, que lo que  fue injusto, Iñigo, fue vuestra equidistancia. Y las nueces. Llenásteis remolques recogiendo nueces.

Ningún ámbito permanece ajeno a las agujas nacionalistas. Y si no, que se lo digan a los médicos y a los científicos, para quienes en unas oposiciones, el euskera tiene una puntuación de 18 puntos frente a los 10 de un doctorado cum-laude. Pero tranquilos, porque a lo mejor no tenemos los mejores médicos, pero nos dicen “Kaixo” cuando entramos en su consulta.

Qué os voy a decir sobre las mascotas. Unos meses atrás traje a mi casa un cachorro, y le hice los papeles en un veterinario de La Rioja. Cuando le dije al veterinario que pertenecía a Álava, me dijo: “entonces, si va a residir en el País Vasco hay que hacerle pasaporte”. Sí, al perro. Y sí, para cruzar el Río Ebro, no para llevarlo a Hamburgo.

Puede parecer un asunto insignificante, pero no deja de ser una rama más de la ingeniería social que el nacionalismo lleva años trabajando, para que paso a paso, cada vez seamos más diferentes y en más asuntos.

Por otro lado, los costureros tratan de alzarse como los adalides de la singularidad vasca –como si el resto de comunidades no fuesen singulares-. Y lo peor de todo, no es que nos hagan creer que somos singulares, porque como todas las comunidades, tenemos nuestros rasgos propios. Lo peor de todo, es que pretendan hacernos creer que esta singularidad nos hace mejores que a los demás, y a los demás peores que a nosotros. Y lo terrorífico, además, es que cada vez más gente se lo crea. Algo lógico, por otra parte, cuando mientras en Madrid discuten sobre la raza del caballo de Abascal, los costureros no dejan de coser, y cada vez con agujas más gordas, y cada vez más costureros.

Señor Sánchez, deje de dar hilo al nacionalismo, porque si seguimos por este espinoso camino, no solo nos estamos jugando la unidad y la igualdad entre los españoles, sino que estamos alimentando un monstruo que, a quienes no nos prestemos a coser en Euskadi, nos pincharán con las agujas hasta que salgamos del tablero. Lo llevan haciendo años. Y usted les está dando más cancha que nadie nunca antes.

El día después.

Hoy, 2 de octubre de 2017, todos los que nos sentimos demócratas sentimos una inmensa y profunda tristeza.

Ayer los nacionalistas nos llevaron donde querían. Alcanzaron esa imagen de la policía haciendo cumplir la ley en nombre del Estado.

Tras los hechos acaecidos, podemos sacar varias conclusiones.

Por un lado, -como ya he dicho-, los nacionalistas consiguieron dar la vuelta al mundo posicionándose como “victimas” de un Estado opresor, el cual utilizó la fuerza y la violencia.

Fuerza que no emana de decisiones políticas sino judiciales, las cuales, a su vez, lo hacen del Estado de derecho. Las reglas de la democracia; nuestras reglas. Las reglas de todo demócrata. Pero en este partido, si me permiten llamarlo así, no todos hemos jugado en base a las mismas reglas. Por un lado, estábamos quienes hemos defendido, defendemos y defenderemos siempre, la norma suprema de nuestro país, que es la Constitución, así como el resto de leyes de las que nos hemos dotado. Por otro lado, han estado quienes se creen por encima de la ley, en base a promesas ilegales e ilegítimas. Todo esto lo han hecho bajo el lema de “Votar es democracia”. Lo cual es inmensamente cierto. Es inmensamente cierto, siempre y cuando se haga de acuerdo con la ley. Si no, no es democracia, es un fraude.

Numerosos medios sacaban hoy en portada titulares como “fracaso de la política”. Y esto, por desgracia, vuelve a ser cierto. Y he aquí otra conclusión: la cuestión catalana requiere de una respuesta política urgente. ¿Aplicar el 155 para convocar elecciones autonómicas? Una postura que va cogiendo fuerza y que, sin lugar a dudas, debe ser adoptada en una situación de amenaza tan grave a la democracia como la que estamos atravesando.

Sin embargo, no podemos quedarnos ahí. La gente merece una explicación mediante la que quede muy claro por qué un referéndum de independencia es ilegal. La gente ya sabe que la Constitución no lo permite. Pero… ¿Y por qué no la cambiamos? Entremos en el debate político. Dice el exministro Margallo en su nuevo libro (Por una convivencia democrática, Deusto, 2017), que los constitucionalistas tenemos que construir un relato que sustente nuestra postura tanto dentro de España como fuera.

Ayer la imagen que vio el mundo es la violencia contra gente que pretendía votar. En un acto ilegal, sí. En un acto ilegítimo, sí. Pero es la imagen que se vio, a pesar de que, como demócratas, no nos gustó a nadie.

Estoy convencido de que ningún constitucionalista ni demócrata está contento con lo sucedido ayer. Absolutamente convencido de ello.

Precisamente por eso y para no tener que pasar por un episodio tan vergonzoso como el de ayer, tenemos que poner en valor la fuerza del diálogo, tarea colosalmente complicada cuando enfrente se sientan interlocutores que se creen por encima de la ley.

“La política está y debe estar siempre para convertir en sencillo lo complejo, y en unitario lo divisorio.”

Que sea muy complejo no quiere decir que no sea posible. La política está y debe estar siempre para convertir en sencillo lo complejo, y en unitario lo divisorio.

Es quizás demasiado recurrida la transición pilotada por Adolfo Suarez, pero aquí y ahora, es inevitable recordar que fue posible convencer a unas cortes franquistas para votar “sí” a la democracia.

Y de eso se trata también hoy, de negociar con quienes -como los dictadores-, creen encarnar la ley.

Todo mi apoyo para el Estado de derecho y la democracia. Ante desafíos complejos, juntos somos más fuertes.