El 10% de criterio. Fuera vendas.

 Cansados de las dobles varas de medir. Hartos de los radicalismos, del cinismo, de irracionalismos, de inmoralidades. Hartos de las vendas en los ojos.

Unas vendas que no permiten que la realidad sea vista como tal. Una venda a la que llamar “ideología” representada por un partido político.

Hay demasiada gente, -por desgracia-, que limita sus criticas y sus alabanzas a imitar lo hace aquel partido por el que siente simpatía. Gente que dice “ser de un partido” -y bien equivocados están, puesto que no “se es” sino que se comparten ideas y proyectos -.

Limitan de esta forma su juicio sobre la realidad, compartiendo ciegamente la visión de un partido político sobre cualquiera que sea el tema. Rechazan el resto de opiniones considerándolas como inválidas. La opinión del resto, “no va conmigo”, “no sirve de nada”, “están equivocados”.

En un esfuerzo por ser –todos-, un poco más racionales, hemos de tener en cuenta algo muy importante: el criterio; el criterio propio.

Hemos de tener criterio propio, en primer lugar, para no ser engañados. Para no dejarnos llevar. Hemos de “dudar”, o mejor dicho “interpretar”, todo aquello que nos digan.

Interpretar la realidad de las cosas según nuestro criterio y nuestra opinión.

No caigamos en la tentación de afiliarnos a ningún partido o colectivo –o sin estar afiliados-, y permitir que las siglas funcionen como una venda que imposibilite o dificulte el desarrollo de un criterio personal. Qué menos, que diferir, al menos en diez de cada cien cosas. Pequeñas o grandes, importantes o insignificantes.

Qué menos que estructurar nuestras ideas, con al menos, un 10% de criterio personal que nos permita valorar la realidad de las cosas de forma independiente y neutral.

No caigamos en la tentación de defender todo lo que diga “nuestro partido”, por el hecho de que sea la organización con la que más ideas tengamos en común. Sería un grave error, no reconocer las cosas positivas de quienes tenemos enfrente.

Puede ser este, uno de los factores por los que la Transición fue lo que fue. Una época de dialogo y cesiones en la que todos estaban dispuestos a compartir unas ideas fundamentales que permitirían, posteriormente, construir un país democrático como el presente.

Termino con una frase de Suárez:

“Hay algo que ni siquiera dios pudo negar a los hombres: la libertad”.

 

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