En defensa de la libertad

En numerosos debates y tertulias, -por no decir que en todas-, hemos oído hablar sobre las diferencias entre los llamados “capitalismo”, “socialismo” o “comunismo”.

Vemos como, por parte de determinados sectores, utilizan un lenguaje muy medido para debatir y dejar sin argumentos a la ideología más castigada –y a la vez más beneficiosa-. Sí, amigos, hablo del capitalismo.

No obstante, no me gustan nada determinadas terminologías que utilizamos para referirnos a algunas de las corrientes políticas. No me gusta hablar de “izquierda o derecha” –puesto que son palabras vacías y sin contenido-, del mismo modo que no me gusta referirme al libre mercado como “capitalismo”.

¿Los motivos? Como enunciaba al principio, socialismo y comunismo –especialmente el segundo-, suelen utilizar un argumentario un tanto “anticuado” y “trillado”, -si me permiten la expresión-. Para demostrarles la obsolescencia de estos argumentos, les pondré una frase de Karl Marx (1863) y otra de Pablo Iglesias, el líder de Podemos(2016).

“Los trabajadores no tienen nada que perder, salvo sus cadenas de la burguesía”(1863)

“No hay lucha contra la casta política sin un programa anticapitalista, porque la casta política es la burguesía”(2016)

Ciento cincuenta y tres años de diferencia, una sociedad completamente evolucionada y diferente, y los mismos argumentos y términos; burguesía, poder político, clases, etc…

Pero lo más interesante, es acudir con atención a sus contradicciones. Contradicciones actuales e históricas. Pongamos también como ejemplo una frase célebre de Karl Marx: “El poder político es simplemente el poder de una clase para oprimir a otra”.

¿Por qué contradicción? Muy simple. La principal premisa del liberalismo, es la de un estado reducido, eficiente, competente y facilitador. Coincide por tanto, Karl Marx, el principal “pensador” contrario al libre mercado, en que el Estado, cuanto menor poder tenga, mayor libertad dará a la sociedad. Habla el comunismo del “Estado opresor”, y es cierto. Cuanto menor sea el Estado, menores serán las trabas burocráticas, menores serán los impuestos, y en definitiva, menores serán las imposiciones, sean del tipo que sean.

No crean que es el liberalismo quien pretende acabar con el Estado de Bienestar. Los liberales, creemos en la sanidad y la educación pública y en no dejar a nadie atrás. Pero naturalmente, en coherencia con nuestro principio de libertad, entendemos que cada uno debe tener la libertad de decisión suficiente para elegir si público o privado. No queremos por tanto acabar con el Estado de Bienestar, sino con el Bienestar del Estado, que es muy diferente. Creemos en un estado eficiente y facilitador; así de simple.

Por otro lado, otra de las líneas maestras que promulga el liberalismo –y que a veces olvidamos-, es la cultura del esfuerzo. La necesidad del trabajo y del emprendimiento como motores tanto económico como sociales. En definitiva, como fuentes de riqueza y bienestar.

Quisiera terminar este brevísimo artículo – y digo brevísimo, porque este debate da para mucho-, citando una serie de frases de importantes personajes que definen esta ideología:

“Si un hombre no quiere trabajar, no debe comer”

“No hay libertad, a menos que haya libertad económica”

“Amo los argumentos, amo el debate, y no espero que quien se siente frente a mí esté de acuerdo conmigo”

“La misión de los políticos no es la de gustar a todo el mundo”

Margaret Thatcher.

 

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