LIBERAL sin complejos -que no insolidario-.

Todos hemos oído hablar de que “el socialismo favorece al obrero”  “el comunismo quiere acabar con la pobreza”. También hemos oído “la derecha va en contra de los derechos de los trabajadores”, “la derecha favorece los intereses de los ricos y los empresarios” o “la derecha acabará con el Estado del Bienestar”.

Sin embargo ¿qué han hecho estos partidos que tan criticados son para acabar con este tópico? Respondo yo. Nada.

 

A los que dicen todo lo anterior sobre el liberalismo –y a los que les creen-, me gustaría dejarles clara cuál es la postura del liberalismo. Que así se llama. Es demasiado “poco descriptivo”, identificar todo un ideario con la sencillez de “derecha” o “izquierda”.

Cuando una persona siente cierta atracción por la política, siente atracción por el servicio público hacia los demás. Siente que tiene la misión de ayudar a la gente a vivir mejor. Y cuando digo gente, digo eso. No digo empresarios u obreros, porque gente incluye a todos.

Considero el liberalismo como la ideología con la que más coincido, y quiero dejar claros unos planteamientos que seguro, comparte mucha gente como yo. Todas las ideologías tienen un mismo fin. Tienen como fin facilitar y mejorar las condiciones de vida de las personas. Pretenden aportar soluciones a los problemas que a diario se plantean. Pero es en el momento de cómo conseguirlo, en lo que las ideologías comienzan a diferir.  Y bien, el liberalismo, pretende generar riqueza de manera diferente al resto. Es esta ideología, en su vertiente moderada, mediante un sector público de una dimensión ajustada, cuya principal función sea  el establecimiento de un marco jurídico constitucional y la garantía de unos servicios públicos gratuitos mínimos, la que tiene como fin esa generación de riqueza. Tiene como características principales, el deseo de establecer una fiscalidad lo más reducida posible, ya que los que nos consideramos liberales moderados, tenemos la convicción de que el efecto recaudatorio aumente, al mismo tiempo que la fiscalidad disminuye, ya que esto tendrá como consecuencia un incremento de la renta personal disponible de los ciudadanos, y por tanto, tendrán un mayor poder adquisitivo, bien para destinarlo al consumo o bien para el ahorro.

Considerando uno de los aspectos fundamentales de la ideología liberal moderada, es que debido a la intervención “justa” del Estado, los ciudadanos gozarán de mayor libertad económica y social para ser ellos mismos los que gestionen su patrimonio y sus ingresos, sin necesidad de depender de un Estado que gestione e invierta estos ingresos, de forma que reporte menor utilidad a sus contribuyentes que si son gestionados por ellos mismos e invertidos en aquello que deseen.

Que no quepa la menor duda de que este aspecto, no entra, ni mucho menos, en contradicción con tener unos servicios públicos gratuitos, eficientes y de calidad.

Es con esta política con la que desde el Estado, se pretende fomentar el emprendimiento y la creación de empresas y consiguientemente el empleo y la riqueza. De esta obsesión por la creación de empresas, es de donde posiblemente sacan el argumento de “la derecha favorece a las empresas”. Y sí, favorecemos a las empresas porque no es el sector público el que tiene capacidad de crear empleo sino la empresa privada y la iniciativa de los particulares. No favorecemos por tanto únicamente a las empresas. Sino que favorecemos a todos aquellos agentes que hacen posible la actividad empresarial,  es decir, los trabajadores. A la gente.

Respecto a “la derecha quiere acabar con el Estado del Bienestar”, lo dicen como consecuencia de nuestra convicción de unos tipos impositivos más bajos. Y lo dicen porque no comparten la opinión de que el efecto recaudatorio aumentaría. Algo de lo que los liberales estamos absolutamente convencidos.

Son las ideologías socialistas y comunistas las que  pretenden hacer del Estado el gran agente que controle aquellas acciones de sus subordinados los ciudadanos, que gozan de reducida libertad para hacer con su sueldo aquello que ellos consideren oportuno. Son estas ideologías las que entran en contradicción con la opinión de toda familia de clase media, baja o alta, las que cuando no tenemos “dinero” optan por incrementar el gasto  como solución a todos los males. A pesar de que suponga un endeudamiento de dimensiones incalculables para el sector público. Ese sector que es de todos, pero no es de nadie.

Sin motivos para indagar más en el debate “izquierda-derecha”, de igual manera que un corrupto no es un político sino un “ser egoísta e insolidario”, una persona que legisla en favor de los ricos, que pretende acabar con el Estado del Bienestar, o que tiene como objetivo reducir los derechos de los trabajadores, tampoco es de “derechas”  -o mejor dicho liberal-. Sigue siendo el mismo “ser egoísta e insolidario” que el corrupto, -que no político-.

Palabras de un humilde estudiante que se gana el “jornal” trabajando como camarero -obrero-, firmemente admirador del empresario que ha conseguido crear riqueza con su negocio.

 

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