Todo va mal

24 de febrero de 2016 (Siglo XXI)

Entramos en valoraciones sobre la situación  económica, política y social de España, nuestro país.  –Sin ánimo de parecer facha por eso de nuestro-.

Como he indicado, estamos en la recta final del mes de febrero. Han pasado dos meses desde las elecciones generales del 20-D. Múltiples son los comentarios que todos y todas hacemos sobre España, sus instituciones, sus políticos, y en definitiva, sobre todo aquello con lo que nos topamos a diario.

A raíz de la absolutamente legítima -y justificada-, protesta del 15-M, surgió posteriormente un movimiento social que se canalizó desembarcando en las instituciones bajo las siglas de Podemos.

Llevamos ya varios años, escuchando día sí y día también, casos y casos de corrupción. Y no nos engañemos entre los ciudadanos, porque nosotros, -todos-, sabemos que la corrupción no va ligada a ninguna sigla, se trate del color de fondo que se trate. Nosotros no tenemos la necesidad de decir: “Los políticos del PP son corruptos”, decir “El PSOE tiene más corrupción” o decir “Podemos se ha financiado ilegalmente”. No, no tenemos la necesidad ni tampoco deberíamos acostumbrarnos a creerlo cuando el político que nos gusta lo afirma.

Como no puede ser de otra manera, cada uno manifestamos nuestras opiniones e inquietudes refiriéndonos a la economía, la política, las elecciones, los pactos, los –mal llamados- políticos corruptos, etc… 

A este respecto, como ciudadano que también soy, me gustaría manifestar mi humilde opinión frente a las opiniones de los “todovamal”.

En primer lugar, procederé con la definición de este rompedor concepto de “todovamal”.

Todovamal: Dícese de aquel sector de la población española, cuya última cosa que harían sería reconocer el buen funcionamiento de alguna cosa de su país.

En un momento como el actual, en el que los comentarios sobre sanidad, educación, recortes, impuestos, derecha, izquierda, etc… están tan candentes, uno lee opiniones sobre cualquiera de los temas anteriores y cómo no, los todovamal siempre lo acompañan de cortinillas al estilo: “Mierda de país”, “Mierda de sanidad”, “Mierda de educación”, y así, sucesivas “mierdas”.

Todos estos, tras hacer estos simplicistas comentarios, luego se muestran también indignados con la respuesta que se da a los refugiados, lo mal que viven en sus países de origen, etc… -Tengo que decir que en esto solemos coincidir-.

Yendo a lo esencial de este artículo:
ME NIEGO a pensar que España tiene que acompañarse de la palabra “mierda”, por mucho corrupto y mucha historia que haya.

ME NIEGO a renegar de la sanidad que tenemos, que es ejemplo mundial.

ME NIEGO a rechazar la educación española. Tanto la pública como la privada.

ME NIEGO a rechazar el sistema en el que vivimos, en el que todos tenemos nuestros derechos y libertades garantizados bajo un marco legal.

ME NIEGO a sumarme al lema “todo va mal”.

ME NEIGO a desoír las opiniones de gente experimentada como Gonzalez o Alfonso Guerra, por mucho que no piensen como yo y sean de la “vieja guardia”.

ME NIEGO a simpatizar con el clan de los todovamal.

ACEPTO apreciar todo lo bueno y criticar todo lo injusto.

ACEPTO ser español –con todas las letras-, y ayudar a quien lo necesite.  Como país solidario que somos.

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