El día después.

Hoy, 2 de octubre de 2017, todos los que nos sentimos demócratas sentimos una inmensa y profunda tristeza.

Ayer los nacionalistas nos llevaron donde querían. Alcanzaron esa imagen de la policía haciendo cumplir la ley en nombre del Estado.

Tras los hechos acaecidos, podemos sacar varias conclusiones.

Por un lado, -como ya he dicho-, los nacionalistas consiguieron dar la vuelta al mundo posicionándose como “victimas” de un Estado opresor, el cual utilizó la fuerza y la violencia.

Fuerza que no emana de decisiones políticas sino judiciales, las cuales, a su vez, lo hacen del Estado de derecho. Las reglas de la democracia; nuestras reglas. Las reglas de todo demócrata. Pero en este partido, si me permiten llamarlo así, no todos hemos jugado en base a las mismas reglas. Por un lado, estábamos quienes hemos defendido, defendemos y defenderemos siempre, la norma suprema de nuestro país, que es la Constitución, así como el resto de leyes de las que nos hemos dotado. Por otro lado, han estado quienes se creen por encima de la ley, en base a promesas ilegales e ilegítimas. Todo esto lo han hecho bajo el lema de “Votar es democracia”. Lo cual es inmensamente cierto. Es inmensamente cierto, siempre y cuando se haga de acuerdo con la ley. Si no, no es democracia, es un fraude.

Numerosos medios sacaban hoy en portada titulares como “fracaso de la política”. Y esto, por desgracia, vuelve a ser cierto. Y he aquí otra conclusión: la cuestión catalana requiere de una respuesta política urgente. ¿Aplicar el 155 para convocar elecciones autonómicas? Una postura que va cogiendo fuerza y que, sin lugar a dudas, debe ser adoptada en una situación de amenaza tan grave a la democracia como la que estamos atravesando.

Sin embargo, no podemos quedarnos ahí. La gente merece una explicación mediante la que quede muy claro por qué un referéndum de independencia es ilegal. La gente ya sabe que la Constitución no lo permite. Pero… ¿Y por qué no la cambiamos? Entremos en el debate político. Dice el exministro Margallo en su nuevo libro (Por una convivencia democrática, Deusto, 2017), que los constitucionalistas tenemos que construir un relato que sustente nuestra postura tanto dentro de España como fuera.

Ayer la imagen que vio el mundo es la violencia contra gente que pretendía votar. En un acto ilegal, sí. En un acto ilegítimo, sí. Pero es la imagen que se vio, a pesar de que, como demócratas, no nos gustó a nadie.

Estoy convencido de que ningún constitucionalista ni demócrata está contento con lo sucedido ayer. Absolutamente convencido de ello.

Precisamente por eso y para no tener que pasar por un episodio tan vergonzoso como el de ayer, tenemos que poner en valor la fuerza del diálogo, tarea colosalmente complicada cuando enfrente se sientan interlocutores que se creen por encima de la ley.

“La política está y debe estar siempre para convertir en sencillo lo complejo, y en unitario lo divisorio.”

Que sea muy complejo no quiere decir que no sea posible. La política está y debe estar siempre para convertir en sencillo lo complejo, y en unitario lo divisorio.

Es quizás demasiado recurrida la transición pilotada por Adolfo Suarez, pero aquí y ahora, es inevitable recordar que fue posible convencer a unas cortes franquistas para votar “sí” a la democracia.

Y de eso se trata también hoy, de negociar con quienes -como los dictadores-, creen encarnar la ley.

Todo mi apoyo para el Estado de derecho y la democracia. Ante desafíos complejos, juntos somos más fuertes.

 

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