La ineludible reforma del sistema de pensiones

En las últimas décadas la tasa de dependencia entre el número de pensionistas y cotizantes a la Seguridad Social no ha dejado de reducirse, añadiendo aún más incertidumbre sobre la viabilidad futura del sistema de pensiones español. Cada vez hay menos cotizantes por cada pensionista.

Nuestro sistema, si bien es uno de los que cuenta con una mayor tasa de sustitución de entre los países de la OCDE, destaca también por el retraso que llevamos en lo que a la adopción de reformas estructurales se refiere. Reformas imprescindibles para asegurar la sostenibilidad del sistema y para ser capaces de enfrentar realidades como la elevada esperanza de vida (España es el segundo país del mundo con mayor esperanza de vida, solo por detrás de Japón), o el desempleo estructural.

La falta de consenso y la politización de un tema tan crucial como las pensiones ha supuesto un obstáculo insalvable para adoptar medidas serias que aporten certidumbre.

Sin embargo, mientras en España hemos permanecido impasibles ante la evolución demográfica, laboral y económica, otros países sí que han adoptado numerosas reformas de calado en sus respectivos sistemas, y que suponen, en muchos de los casos, un espejo en el que mirarnos para poder adaptar algunas de esas reformas y aplicarlas en nuestro país.

Ante la obstinación de todos los políticos en reiterar que la sostenibilidad del sistema está garantizada, hemos de hacer un ejercicio de responsabilidad y sensatez, poniendo los datos y los números sobre la mesa. Tenemos que aprovechar con astucia la experiencia que cabe extraer de las reformas aplicadas por otros países que han adoptado decisiones con precedencia.

Por mucho que el mainstream en España trate de evitar a toda costa el crecimiento de planes de pensiones privados tratando de buscar un equilibrio público-privado, la realidad es tozuda, y países como Italia, Reino Unido, o los países nórdicos cuentan con estrategias para fomentar el ahorro privado, bien sean de contribución obligatoria, o bien de carácter complementario y voluntario. En cualquier caso, es palpable que la tendencia es buscar ese equilibrio entre la parte de la pensión procedente de las arcas públicas y aquella procedente de planes de ahorro privados.

Frente a esa corriente de pensamiento dominante que prefiere caer en gracia en la opinión pública que contar la realidad que se sustrae del análisis de los datos demográficos y económicos, hay que redoblar esfuerzos para convencer de la necesidad de aplicar reformas como las cuentas nocionales, que aportan una mayor transparencia al sistema, amén de dotarlo de una mayor proporcionalidad entre el tiempo cotizado y la pensión resultante. Y no debemos quedarnos ahí, sino que debemos estudiar otras reformas como la implantación de un sistema similar al Automatic Enrolment británico, que incentiva la apertura de planes privados y el crecimiento del ahorro.

Tal y como vemos en la tabla, una media del 78% de los trabajadores británicos formaban parte de la fórmula de inscripción automática en 2016, viéndose incrementada en un 23% desde 2012, en tan solo cuatro años.

Según la Comisión del Parlamento británico que propuso la implementación de este sistema de fomento del ahorro privado, los estudios sociológicos avalan que la mayor parte de la sociedad británica está dispuesta a ahorrar, solo que el paso de abrir un plan de pensiones privado no se da frecuentemente de motu proprio, sino que han de existir incentivos que inviten a la apertura de dichos planes, tal y como se pretende a través del sistema propuesto.

En los últimos años, cada vez son más las voces que reclaman la aplicación de medidas valientes que garanticen la viabilidad del sistema.

Decía Hazlitt que existen dos tipos de economistas: los buenos, que piensan en las consecuencias en el medio y largo plazo de sus decisiones, así como en su afección a la generalidad de la sociedad; y los malos, que adoptan las decisiones pensando únicamente en el plazo de tiempo inmediato y en aquellas personas sobre las que se toma la decisión, excluyendo todas aquellas sobre las que esa decisión tendrá también consecuencias de forma indirecta pero segura.

Como toda decisión económica y política, el sistema de pensiones no puede permanecer ajeno a la sensatez en la que se deben basar las decisiones políticas, pensando en todo aquello en lo que Hazlitt basaba la descripción del buen economista: las consecuencias en el largo plazo y en la generalidad de la sociedad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: