Que los niños españoles tienen una carga de deberes superior a la media es algo muy comentado.

No obstante, no podemos certificar esta afirmación sin previamente reflexionar al respecto.

Determinados agentes implicados en el sistema educativo, principalmente los padres, hacen notar su malestar con el sistema educativo en general, y con la sobrecarga de deberes de sus hijos en particular.

Acudimos incluso a una “huelga de deberes”, en la que los padres animan a sus hijos a no hacer las tareas en forma de protesta por considerarlos excesivos. Es decir, padres que animan a sus hijos a desobedecer a los profesores y, en consecuencia, a contribuir en la creciente merma de autoridad de los mismos.

Según nos cuentan, existen estudios que demuestran que los niños españoles dedican seis horas diarias a hacer deberes, -cosa que no se cree ni el autor del estudio-.

Si bien es cierto que dicho estudio debe ser puesto en entredicho tal y como nos lo presentan, no podemos eludir lo evidente. Y es que, aunque pueda parecer incongruente con lo anterior, los niños sí están sobrecargados.

Están sobrecargados por las “cargas” que les imponen voluntariamente sus padres. Sobrecargados por las extra-escolares de inglés, matemáticas, solfeo, dibujo, fútbol, Konfú Panda y hasta la Biblia en verso. Tengo ciertas sospechas de que los padres que más se quejan de no poder pasar más tiempo con sus hijos, son los mismos que les llenan “hasta las cartolas”, -si me permiten la expresión-, con estas actividades extra-escolares. Actividades no obligatorias como su propio nombre indica.

Tenemos que reflexionar respondiendo a la siguiente pregunta: ¿Con qué legitimidad un padre exige a un profesor que le enseñe a leer a su hijo al mismo tiempo que trata de limitar las capacidades y autoridad de dicho profesor?

Padres que a las ocho de la mañana dejan a sus hijos en las puertas del colegio, y los recogen a las siete de la tarde en la puerta de la academia de inglés.

Nos encontramos pues, con que a esa hora los niños tienen que hacer los “excesivos deberes”, que dudo que en algún caso puedan superar las dos horas diarias. Pero claro, ya alcanzamos a las nueve de la noche. ¿Y disfrutar? ¿A qué hora?

Para terminar, hagámonos otra pregunta: ¿Quién es el culpable? ¿Padres o profesores?

Supongo que los padres que este fin de semana van a animar a sus hijos a no hacer caso al profesor, se lleven a sus hijos de excursión cultural. Qué iluso yo…

 

En defensa de la libertad

En numerosos debates y tertulias, -por no decir que en todas-, hemos oído hablar sobre las diferencias entre los llamados “capitalismo”, “socialismo” o “comunismo”.

Vemos como, por parte de determinados sectores, utilizan un lenguaje muy medido para debatir y dejar sin argumentos a la ideología más castigada –y a la vez más beneficiosa-. Sí, amigos, hablo del capitalismo.

No obstante, no me gustan nada determinadas terminologías que utilizamos para referirnos a algunas de las corrientes políticas. No me gusta hablar de “izquierda o derecha” –puesto que son palabras vacías y sin contenido-, del mismo modo que no me gusta referirme al libre mercado como “capitalismo”.

¿Los motivos? Como enunciaba al principio, socialismo y comunismo –especialmente el segundo-, suelen utilizar un argumentario un tanto “anticuado” y “trillado”, -si me permiten la expresión-. Para demostrarles la obsolescencia de estos argumentos, les pondré una frase de Karl Marx (1863) y otra de Pablo Iglesias, el líder de Podemos(2016).

“Los trabajadores no tienen nada que perder, salvo sus cadenas de la burguesía”(1863)

“No hay lucha contra la casta política sin un programa anticapitalista, porque la casta política es la burguesía”(2016)

Ciento cincuenta y tres años de diferencia, una sociedad completamente evolucionada y diferente, y los mismos argumentos y términos; burguesía, poder político, clases, etc…

Pero lo más interesante, es acudir con atención a sus contradicciones. Contradicciones actuales e históricas. Pongamos también como ejemplo una frase célebre de Karl Marx: “El poder político es simplemente el poder de una clase para oprimir a otra”.

¿Por qué contradicción? Muy simple. La principal premisa del liberalismo, es la de un estado reducido, eficiente, competente y facilitador. Coincide por tanto, Karl Marx, el principal “pensador” contrario al libre mercado, en que el Estado, cuanto menor poder tenga, mayor libertad dará a la sociedad. Habla el comunismo del “Estado opresor”, y es cierto. Cuanto menor sea el Estado, menores serán las trabas burocráticas, menores serán los impuestos, y en definitiva, menores serán las imposiciones, sean del tipo que sean.

No crean que es el liberalismo quien pretende acabar con el Estado de Bienestar. Los liberales, creemos en la sanidad y la educación pública y en no dejar a nadie atrás. Pero naturalmente, en coherencia con nuestro principio de libertad, entendemos que cada uno debe tener la libertad de decisión suficiente para elegir si público o privado. No queremos por tanto acabar con el Estado de Bienestar, sino con el Bienestar del Estado, que es muy diferente. Creemos en un estado eficiente y facilitador; así de simple.

Por otro lado, otra de las líneas maestras que promulga el liberalismo –y que a veces olvidamos-, es la cultura del esfuerzo. La necesidad del trabajo y del emprendimiento como motores tanto económico como sociales. En definitiva, como fuentes de riqueza y bienestar.

Quisiera terminar este brevísimo artículo – y digo brevísimo, porque este debate da para mucho-, citando una serie de frases de importantes personajes que definen esta ideología:

“Si un hombre no quiere trabajar, no debe comer”

“No hay libertad, a menos que haya libertad económica”

“Amo los argumentos, amo el debate, y no espero que quien se siente frente a mí esté de acuerdo conmigo”

“La misión de los políticos no es la de gustar a todo el mundo”

Margaret Thatcher.

 

Banderas que bailan juntas 

Hablamos de banderas, símbolos, emblemas, etc… Parece un debate anticuado, algo de lo que ya no se habla. Elementos vacíos que parecen no decir nada ni representar a nadie.

Muchas veces, en determinados sitios –y determinadas personas-, relacionan las banderas con el nacionalismo. Relacionan el orgullo de un país y su gente con el nacionalismo. Creen que quienes lucimos una bandera, por el hecho de hacerlo, despreciamos el resto de países, culturas o tradiciones.

Y no son otros más que ellos los que propician esos comportamientos nacionalistas.

Una de las mejores frases –y más veraces- sobre el nacionalismo –y/o racismo-, es que cualquiera de éstos se cura viajando.

Cuando viajas, conoces gente, culturas, tradiciones, idiomas, etc… En definitiva, abres tu mente al mundo y refuerzas tu tolerancia. O mejor dicho, te das cuenta de la importancia de la diversidad y la pluralidad, en un mundo que debe avanzar –aún más, si cabe- hacia la convivencia entre distintos, pero iguales.

Este verano, he tenido la oportunidad de disfrutar de un festival de música en Bélgica, al que acude gente de todo el mundo. Puede ser este lugar el que me haya echo reconocer todo lo que representa una bandera.

En este festival, todos acudíamos con la bandera de nuestros países, y con alegría y orgullo la lucíamos saltando y gritando al ritmo de la música.

Había banderas de todo el mundo… todos unidos por la euforia de la música.

Había de Turquía, justo tras haber sufrido el fallido golpe de Estado. También de Francia, justo tras recibir los ataques terroristas. También estaban Alemania, Israel, China, Reino Unido, EE.UU, Canadá, Holanda, España, Brasil, México, Ecuador, Colombia, Portugal, Andorra, Macedonia, etc…

En definitiva, un lugar en el que todos acudíamos con nuestras banderas, como símbolo de nuestra forma de vida, nuestra cultura y tradiciones.

Una imagen increíble, ver como a pesar de las pésimas noticias que vemos  a diario en un mundo lleno de violencia, banderas de todo el mundo se unen abrazadas para nada más allá de pasar unos días de alegría. Gente que incluso intercambiaba su bandera por la de otro país.

Una imagen que –a mi juicio- sobresalió sobre el resto, fue ver como un grupo de jóvenes, hondeaban una enorme bandera europea como símbolo de fraternidad. Como símbolo de la unión de países con culturas diferentes pero con unas mismas ideas y valores como la libertad y la solidaridad entre sociedades.

Sin mayores cuestiones, dedico lo anteriormente escrito a quienes se dedican a llamar “facha” o “fascista” a quienes lucimos la bandera de nuestro país, que es España, que es Europa, y que debe avanzar tanto hacia la integración europea como hacia la cooperación internacional.

En un papel pone que nací en el País Vasco, aunque cuando lo hice no entendía de fronteras. He crecido y ahora se lo que son, aunque lo que deseo son banderas que bailan abrazadas. Que bailan juntas; cada vez más juntas.

¡Viva España! ¡Viva Europa! ¡Vivan las banderas abrazadas!

Tambaleando

Septiembre de 2016, llevamos 9 meses sin gobierno y nada parece ser indicativo de que esto vaya a cambiar.

Días quedan para la celebración de elecciones en dos de nuestras comunidades autónomas, tras las cuales, todos los partidos han anunciado que no alterarán su posición. Es decir, que los partidos que tienen en su mano poder solventar esta situación, deciden llevarnos –de nuevo- a votar.

De nuevo a despertarnos un domingo con papeleta en mano, de nuevo a hacernos gastar más de 200 millones de euros.

Pero sobre todo, de nuevo a no tener un resultado nuevo –valga la redundancia-.

De nuevo a un escenario poco cambiante que –ni por asomo- permitirá que nadie pueda gobernar sin pactos, diálogo y consenso. Vamos más allá… no podrán gobernar sin cesiones.

Podría utilizar estas líneas para culpabilizar a un partido concreto, pues obviamente tengo mi opinión. No obstante, estaría excluyendo de este hartazgo compartido por todos, a determinada parte de la sociedad que confía en ese partido.

Por tanto, tratando mantener la neutralidad y siendo objetivos, hasta el momento, desde las elecciones del 26J, una única alternativa es la que se ha presentado para gobernar España. Una alternativa que llegó con 170 “SÍ” a la sesión de investidura, pero que para determinados partidos –con unas mismas ideas principales-, no fue suficiente.

Y aquí ya si me mojo. No diré las siglas de un partido pero sí el nombre –que es muy diferente, puesto que dentro de este partido hay multitud de opiniones-.

Pedro Sánchez, mantiene Usted el no a Rajoy. Bien, está en su derecho. Pero también en la obligación de proponer una alternativa siendo la segunda fuerza y no lo hace.

Y lo peor es que no lo hace porque sabe muy bien que no es posible una alternativa. Usted tiene el objetivo de llevarnos a unas nuevas elecciones hasta que le cuadre el resultado. Hasta que Usted pueda gobernar, o hasta que el PP y Cs sumen, y de esa forma no tenga usted que mojarse.

Sin nada más que decir, -porque esta situación cansa incluso a los “opinadores”-, pónganse de acuerdo, hagan cesiones, dialoguen, pongan en marcha este país porque hay en juego mucho más que vuestros puestos.

Está en juego la recuperación económica, el empleo, la estabilidad… Y con todo ello, el tan clamado por todos ustedes “Estado de bienestar”. Pensiones, sanidad, educación, etc…

Aprovechen titulares como el siguiente:

Jean-Claude Juncker: “La recuperación de España es impresionante”  (El Mundo, 16/09/2016)

El 24 de junio de 2016 será recordado históricamente como el primer acontecimiento que desde la creación de la Unión Europea, que no va enfocado a adhesiones sino a división y ruptura.

La ruptura de uno de los pesos pesados que la integran. De la quinta economía del mundo.

Reino Unido opta en referéndum por el famoso “Brexit”. Por su marcha y divorcio de la Unión Europea. Momento de shock y batacazo para los europeístas y un paso atrás para los que creemos en un gran sueño que viene deseado décadas atrás: los Estados Unidos de Europa.

Sí amigos, como los americanos pero para nosotros. Un espacio de integración, solidaridad y seguridad. Fortaleza social, económica y de libertad –tanto de personas como comercial-.

Nos queda un consuelo, y es que se marcha un país que nunca llegó a entrar del todo, ya que decidieron mantener su propia política monetaria e imponer unas condiciones diferenciadas del resto de socios europeos. –A pesar de ello, una gran pérdida y posiblemente un error-.

Más allá de las lamentaciones, los europeos hemos de hacer una reflexión sobre el rumbo de la integración y la cohesión social que persigue la UE. Hemos de analizar las posibles causas de tan indeseable situación.

Atendiendo a esto, es el auge del populismo uno de los principales motivos por los que este tipo de ideas eurófobas, van en auge y aumentando su aceptación. Cada vez más gente se ve atraída por la idea de que antes estábamos mejor.

A éstos, hemos de convencerles de lo contrario. Hemos de convencerles de que los valores que propulsaron la construcción de la unión, son los valores de la libertad, la solidaridad entre sociedades, el hermanamiento de pueblos, y ante todo, LA PAZ. Una paz que se instaura en el periodo de reconstrucción tras la II Guerra Mundial.

Tenemos que estar profundamente unidos y convencidos de que son éstos los valores que tienen que protagonizar el futuro. De que son los valores que pueden derrotar al terrorismo, y de que UNIDOS, somos más fuertes y afrontamos mejor los problemas.

Algún día, entenderemos que la misma solidaridad que en España tenemos entre las CC.AA., tiene que ser extendida por las naciones europeas. Naciones que cada vez serán un poco menos cerradas y un poco más solidarias y abiertas.

Es esta la batalla que los europeos hemos de ganar al nacionalismo y al populismo.

Y hemos de hacerlo con convicción, rigor y astucia, porque tenemos el problema más cerca de lo que creemos. Esperemos que el tiempo no lo demuestre y lo solucionemos a tiempo, tras aprender la lección del “Brexit”.

Un ciudadano de los EE.UU. de Europa.

“No veo razón por la que, bajo la tutela de una organización mundial, no puedan surgir los Estados Unidos de Europa, unificadores de este continente de un modo nunca conocido desde la caída del Imperio Romano, un espacio en el que todos sus pueblos coexistan en prosperidad, justicia y paz”.

-Winston Churchill, Bruselas, 1945-.

Numerosos titulares de prensa conducen al pesimismo más decepcionante que un ciudadano puede apreciar de la política.

Titulares a los que nos venimos acostumbrando, por desgracia, desde hace ya varios meses. Algunos lo han llamado “vetos”, otros “egoísmo”, otros “poca altura de Estado”.

Lo cierto, es que hemos vivido un teatro constante que nos ha llevado a nuevas elecciones. Un escenario histórico para la democracia española.

Titulares como los siguientes son los que, -tras ser definitiva la convocatoria de nuevas elecciones-, siguen regalándonos algunos políticos:

“El PSOE rechaza apoyar a Rajoy y al Partido Popular y buscará formar un gobierno de cambio”

“Sánchez advierte a Rajoy de que tras el 26J seguirá sin darle su voto”

“Iglesias asegura que echarán a Rajoy de la Moncloa”

Podríamos continuar con un “sinfín” de titulares como estos. Titulares que demuestran únicamente rencor por parte de sus emisores hacia quien legítimamente ha obtenido millones de votos procedentes de millones de ciudadanos. Ciudadanos que merecen entrar en consideración a la hora de llegar a acuerdos de gobierno.

Nada tienen que ver estas declaraciones con las que en los años 2012 y 2013 hacían personas del nivel de Felipe González, en las que aseguraba que “si PP y PSOE se tienen que entender por el bien de España, tendrán que hacerlo”.

Pero las afirmaciones de Pedro Sánchez, caen todavía más profundas cuando sigue reiterando su negativa a negociar con el PP, tras haber fracasado en su investidura al no tener los apoyos parlamentarios. Se trata de una cuestión de humildad y sensatez, reconocer dicha falta de apoyos y buscar, consecuentemente, otra serie de alternativas a las ya intentadas.

 ¿Por ejemplo? La “gran coalición”. Esa coalición entre quienes han hecho que España sea a día de hoy lo que es. Un país del que sentirse orgulloso por tantas y tantas cosas positivas que tenemos.

Respecto a Pablo Iglesias… ¿Qué decir? Pone de ejemplo el gobierno griego al mismo tiempo que critica los acuerdos alcanzados en la UE para combatir el problema de los refugiados. Pues bien, Grecia es el país que mayor número de refugiados a deportado a Turquía. He ahí la prueba de coherencia y sensatez. ¿Otro adjetivo? Falta de humildad; egocentrismo. Fíjense si tanto es así, que su cara fue el logo de su partido en las papeletas para las elecciones europeas. Divisiones internas causadas por la forma en que Iglesias dirige su partido.  Sinceramente, el nombre “PODEMOS” es una forma de camuflar el que verdaderamente quiso poner Iglesias; “PUEDO”.

Señores, déjense de teatros, pues hemos vivido demasiadas escenas. Entren en la escena del diálogo, el consenso y las cesiones. Los ciudadanos, -todos-, lo agradeceremos. Llevamos meses sin gobierno, pero sobre todo, llevamos meses de hartazgo que lleva a un mayor rechazo hacia la política por parte de los ciudadanos. Y cuidado con eso, porque es peligroso. Nos jugamos demasiado; nos jugamos el futuro y nos jugamos nuestras metas como sociedad en convivencia.

Juntos y sumando fuerzas, alcanzaremos nuestras metas.

 

Reforma, reforma y reforma. 

 

Como mucha gente en España, cien veces he dudado sobre las funciones o la necesidad de mantener en funcionamiento administraciones como el Senado o las diputaciones.

En mi segundo libro, -Mucho por hacer-, planteo incluso el cierre de estas administraciones, considerándolas como innecesarias y “sustituibles” por un modelo más eficiente y menos despilfarrador.

Un tiempo después, un partido como Ciudadanos, hace esas mismas propuestas en lo que se refiere a las Diputaciones, y posteriormente el PSOE se suma a la idea.

Como es habitual, el resto de partidos, -en este caso el PP-, hace una valoración de dicha idea y explica los motivos por los que, en este caso, se opone a la supresión de las Diputaciones.

En primer lugar las considera como las administraciones que de forma más directa, facilitan y garantizan el acceso de zonas rurales a los servicios públicos. Es decir, que directa o indirectamente, son pieza fundamental para la supervivencia del medio rural y de los miles de pueblos pequeños que hay en nuestro país.

Entendemos por otro lado, que los servicios que actualmente ofrecen las Diputaciones, deben ser ofrecidos, bien sea por dichas administraciones o bien por las CC.AA., en caso de que fuesen suprimidas. Por tanto, el ahorro en lo referido al gasto sería bastante poco significante más allá de algún cargo político.

Por otro lado, hablando del Senado, también partidos como Ciudadanos han propuesto su supresión.

Si bien en un principio también estaba de acuerdo en esto, con el paso del tiempo y prestando un poco de atención a la labor realizada por esta cámara, tengo que decir que lo que realmente hace falta, no es su supresión como proponen algunos, sino su reforma integral. Insisto en “integral”. Reforma de arriba abajo. En primer lugar, para dotar a la Cámara Alta de más funciones y competencias que le permitan ser una verdadera cámara de representación territorial. Una vez esto sea así, una labor en la que el trabajo realizado por los Senadores, sea conocido y percibido por los ciudadanos. Lo mismo se puede decir del Congreso, para el cual también es necesaria una labor pedagógica para acabar con el descontento y rechazo general de los ciudadanos hacia la política -y los políticos-. Que veamos que realmente el objetivo es mejorar nuestro día a día. Al fin y al cabo, esa es la línea maestra de la política.

Sin más preámbulos, la administración necesita un repaso desde un nuevo prisma, adecuándolas a las nuevas necesidades. Necesita: reforma, reforma y reforma.

Hemos también de reconocer, que “algo se está moviendo”. Algo está cambiando cuando el otro día salía este titular en prensa: “Hasta 261 diputados renuncian a que el Congreso pague su ADSL y 51, a la tarjeta de taxis”.

Sigamos avanzando, pero sin olvidar una frase de Adolfo Suárez: “Quienes alcanzan el poder con demagogia terminan haciéndole pagar al país un precio muy caro”.

 Cansados de las dobles varas de medir. Hartos de los radicalismos, del cinismo, de irracionalismos, de inmoralidades. Hartos de las vendas en los ojos.

Unas vendas que no permiten que la realidad sea vista como tal. Una venda a la que llamar “ideología” representada por un partido político.

Hay demasiada gente, -por desgracia-, que limita sus criticas y sus alabanzas a imitar lo hace aquel partido por el que siente simpatía. Gente que dice “ser de un partido” -y bien equivocados están, puesto que no “se es” sino que se comparten ideas y proyectos -.

Limitan de esta forma su juicio sobre la realidad, compartiendo ciegamente la visión de un partido político sobre cualquiera que sea el tema. Rechazan el resto de opiniones considerándolas como inválidas. La opinión del resto, “no va conmigo”, “no sirve de nada”, “están equivocados”.

En un esfuerzo por ser –todos-, un poco más racionales, hemos de tener en cuenta algo muy importante: el criterio; el criterio propio.

Hemos de tener criterio propio, en primer lugar, para no ser engañados. Para no dejarnos llevar. Hemos de “dudar”, o mejor dicho “interpretar”, todo aquello que nos digan.

Interpretar la realidad de las cosas según nuestro criterio y nuestra opinión.

No caigamos en la tentación de afiliarnos a ningún partido o colectivo –o sin estar afiliados-, y permitir que las siglas funcionen como una venda que imposibilite o dificulte el desarrollo de un criterio personal. Qué menos, que diferir, al menos en diez de cada cien cosas. Pequeñas o grandes, importantes o insignificantes.

Qué menos que estructurar nuestras ideas, con al menos, un 10% de criterio personal que nos permita valorar la realidad de las cosas de forma independiente y neutral.

No caigamos en la tentación de defender todo lo que diga “nuestro partido”, por el hecho de que sea la organización con la que más ideas tengamos en común. Sería un grave error, no reconocer las cosas positivas de quienes tenemos enfrente.

Puede ser este, uno de los factores por los que la Transición fue lo que fue. Una época de dialogo y cesiones en la que todos estaban dispuestos a compartir unas ideas fundamentales que permitirían, posteriormente, construir un país democrático como el presente.

Termino con una frase de Suárez:

“Hay algo que ni siquiera dios pudo negar a los hombres: la libertad”.

 

Pues yo, sí estoy orgulloso de ser europeo. 
Europa se construyó tras una Guerra, precisamente, entre otras cosas, para evitar nuevos enfrentamientos entre naciones. Evitar nacionalismos.
Hoy, Europa tambalea. Azotada por el terrorismo, y azotada por el descontento popular relacionado con la gestión de los refugiados sirios.
Yo, sinceramente, no me atrevo a criticarlo. No lo voy a hacer. No porque esté de acuerdo con las acciones que llevan a cabo los mandatarios comunitarios, sino porque creo que es un tema lo suficientemente delicado como para que todos andemos dando consejos al respecto.
Todos somos muy solidarios y a todos nos dan mucha pena los refugiados. Sí. A mi también. Pero… ¿Por qué no los acogemos en nuestras casas?
Se acabaría el problema. Todos estarían bajo techo.
Pero… NO, eso no… Los balones fuera. La culpa, de los políticos.
Y sí, en parte ellos son los responsables de algunos enfrentamientos, que vienen de muy atrás en el tiempo.
No obstante, no me atrevo a decir lo que deberían hacer o dejar de hacer. Muchas veces, estamos mejor callados que dándonos de solidarios, pero solo de palabra.
Esta muy bien criticar aquello que nos parezca injusto, faltaría más… Pero hombre… Un poco de coherencia señor@s, que el tema es serio y no basta con decir que nos avergonzamos de ser europeos…
Yo, digo bien alto que estoy ORGULLOSO DE SER EUROPEO.
Hay cosas que no me gustan, sí. Pero también hay cosas que no me gustan en España, en el País Vasco, en La Rioja, o en mi pueblo. Y no por ello dejaré de estar orgulloso de ser lo que soy. Sin renunciar a mis raíces.
Orgulloso de Europa y la Unión Europea, aquella que se creó tras una devastadora Guerra, que no se nos olvide.
Si olvidamos eso, cada vez estaremos más cerca de nuevos enfrentamientos. No olvidemos tampoco la “U“ de unión.

 

 

Habiendo pasado tres meses desde las elecciones del 20 de diciembre, España sigue estando sin gobierno.

Seguimos con los “vete y ven”. Con los tan citados “bloqueos institucionales”.

El Rey, en una primera ronda de contactos, propone  Mariano Rajoy como candidato a presidir este “desgobierno”.

Rajoy, en pleno uso de sus derechos, -como lo han definido ellos-, declina la oferta del Rey.

Continuamos, pues, con esta maravillosa obra de teatro. Tras unos días de publicidad –electoral-, llega la segunda ronda de contactos por parte de Felipe VI. Esta vez, el candidato es el socialista Pedro Sánchez, el cual, -como no podía ser de otra manera-, acepta encantado la oferta de Su Majestad.

En una tercera escena de esta ilustre interpretación teatral, Pedro Sánchez, va de camino a casa tras su despacho con el Rey, y se entera de una oferta procedente de un nuevo personaje en la obra… Pablo Iglesias, que a veces viste de seda y a veces no. El “Alí Babá” español, que ha comparado a Otegi con Nelson Mandela –ahí es nada-.  La primera vez que apareció en este teatro, fue para “ofrecer” a Sánchez su apoyo para formar gobierno. Y lo pongo entrecomillado, porque más que una oferta, era una exigencia. Exigencia de los famosos “sillones”.

Alí Babá  veces dice negro y a veces dice blanco, pero tras el disfraz o la máscara, encontramos los mismos ideales que ha mantenido siempre. –Bueno, quien dice “siempre”, dice, “siempre que le conviene”-.

Como en la vida hay que reconocer las cosas tal y como son, es de justicia y de merecido reconocimiento, la gran capacidad de oratoria que Iglesias demuestra día tras día. Una pena, que esa oratoria no guarde coherencia con el transcurso de los días y los acontecimientos. Hay que reconocer también, la capacidad que demuestran para silenciar y restar importancia a aquellas cuestiones que les afectan o relacionan con determinadas circunstancias.

Pondré un ejemplo que, como digo, han conseguido quitarse de las espaldas. Como si no tuvieran pasado.

Numerosas ocasiones son en las que los diferentes fundadores de Podemos, han demostrado su simpatía hacia el chavismo y los diferentes ideales bolivarianos. Hacia el régimen de los hermanos Castro, etc…

Han llegado incluso a buscar justificantes para los sangrientos años de terrorismo en España, buscando en esa violencia, motivos políticos. –A ver si consiguen explicárselo a aquellos que se han quedado sin padre, sin madre, sin hermanos o sin un amigo, por el hecho de tener unas ideas diferentes a los terroristas-.

Por suerte, aquello acabó. Eso lo reconocemos todos. A ver si además, conseguimos dejar atrás ese rencor -que algunos pretenden hacer resurgir-, de la Guerra Civil, otra etapa vergonzante de la historia de España. Como dice Revilla, nadie es más que nadie, y por tanto, las muertes, se condenan todas. Sin poner muros ni “bandos” diferenciadores.

Haciendo uso del sabio refranero español, presto atención al siguiente dicho popular: “Del dicho al hecho, hay mucho trecho”. Y que no se nos olvide, que “Aunque la mona vista de seda, mona se queda”.

Por último, pedir un momento de reflexión al resto de partidos. Todos, -PP, PSOE, C`s- han coincidido en la descripción de las “incongruencias” de Podemos. Sin embargo, no son capaces de sumar para evitar su auge.

Poneos de acuerdo. El país necesita un gobierno. Pero un gobierno capaz de afrontar una situación de dificultades como la actual. Un gobierno estable que a través del conglomerado ideológico, consiga una armonía para pilares tan fundamentales como la educación y el empleo.

Para despedirme, os pido que no hagáis caso de este último refrán: “Los toros se ven mejor desde la barrera”. Bajad al  ruedo, toread, cumplir vuestro papel y poner a los españoles por encima de las siglas.

Se agradecerá.

PD. Aprovechando que estamos en Semana Santa, dejaros de “coños insumisos” en procesión, y trabajar. Que ya es hora.